Vine sola. Y con estas manos construí algo que es mío.

Hola. Soy Camila.

Vine a este país sola en 1998. Dejé a mi esposo, mi casa, mi gente — para poder darles algo mejor.

Al principio fueron noches difíciles. Pero encontré algo que no sabía que tenía: mis manos. Empecé a hacer joyería. Sin cursos, sin tutoriales, sin nadie que me enseñara. Solo yo, mis manos, y las ganas de crear algo que fuera completamente mío. Lo que empezó vendiéndole a vecinas, se convirtió en mi propio taller en 2009.

Hoy cada pieza que ves aquí la hice yo. Con tiempo, con cuidado, con una historia adentro.

Pero después de 27 años construyendo mi vida aquí, me están obligando a irme. No es mi decisión. Y duele más de lo que puedo explicar con palabras.

Antes de irme, quiero que lo que construí con estas manos se quede en manos de alguien que lo entienda.

Esto es mi taller. Y si tú también eres una mujer que construyó algo sola en tierra ajena — esto lo hice para ti.

— Camila

Mi historia

Vine a este país sola en 1998. Dejé a mi esposo, mi casa, mi gente — para poder darles algo mejor. En esas noches difíciles descubrí algo que no sabía que tenía: mis manos. Lo que empezó vendiéndole a vecinas se convirtió en mi propio taller en 2009.

Hoy, después de 27 años, me están obligando a irme. No es mi decisión. Y duele más de lo que puedo explicar.

Antes de irme, quiero que lo que hice con estas manos se quede en manos de alguien que lo entienda — como tú.

— Camila

Cada pieza tiene algo mío

Cada pieza que sale de mis manos pasó por todo. Por las noches que no dormí pensando en mi familia. Por los días que no tenía con quién hablar. Por los momentos en que este país se sintió demasiado grande y yo demasiado pequeña.

Y ahora es mi tiempo de irme — y estoy liquidando todo lo que hice aquí. Cada pieza que queda en mi taller necesita encontrar un hogar antes de que me vaya. No me la puedo llevar. Pero sí puedo elegir en qué manos se queda.